18.12.14

Somos la excepción que confirma el destino

Sé que este vacío que siento eres tú. Lo sé. Lo sé porque encajas a la perfección, porque llegue la pieza que llegue, ninguna encaja, ninguna parece ser la adecuada. Y  no por pequeños detalles, no, sino por grandes determinantes. Todas las piezas tratan de encajar a la fuerza, rompiendo las esquinas de las contiguas, desgastando tu silueta, la tuya, la que encaja, la que siempre encajará.

Sé que la metáfora del puzzle está ya manida, pero es la forma más gráfica de definir lo nuestro.

Tú eres mi vacío, yo soy el tuyo. Y por eso tendemos a unirnos irrefrenablemente. Sabes que a ti te pasa lo mismo, que nadie te encaja como yo, que soy la silueta exacta de tu hueco. Aún así supongo que seremos esas piezas del puzzle que se pierden y hay que pedirlas expresamente a fábrica. O simplemente asumir que el puzzle nunca estará completo.

Además, ¿sabes qué? así nunca nos olvidaremos, porque ninguno de los dos somos reemplazables. Somos especiales y por eso nos merecemos nuestro hueco, nuestro vacío, nuestra silueta inimitable.

Estás en mí. En mi pasado por nuestra historia. En mi presente por tu ser. Y en mi futuro por tu recuerdo. No puedo ni podré juzgarte por tu búsqueda de la silueta, es tu vacío, nadie mejor que tú sabe cómo tratar de llenarlo, pero, precisamente por ese vacío mutuo que nos une, sé que cualquier intento será fallido.

Buscarás en ellas lo que yo te di, mis recovecos, mi sonrisa, mi ingenuidad, mi picardía, mis abrazos, esos que nos hacen sentir completos, y no, no serán iguales, acaso parecidos. Te harán sentir mi hogar, pero no lo será, te harán sentirme, pero no seré yo. Y, dolerá, dolerá como nunca le ha dolido un abrazo a nadie, porque sólo entonces te darás cuenta de que soy especial, soy ese vacío irremplazable. Soy la que se rompe al sentirte cerca, soy la que llora, ríe y te abraza sin motivo aparente.

11.3.14

Nada que valga la pena es fácil.

¿Dónde estaría yo si no te hubiera conocido?
Sólo sé que no me sentiría atada a una relación cuya razón de ser está tan clara que me aterra.

¿Dónde quedó mi afán por viajar, por sentir experiencias únicas que me harían crecer como persona?
Sólo quiero vivir, ser consciente de lo que siento, elegir con conocimiento de causa. No dejar que la marea me arrastre hacia islas desiertas.

Supongo que tengo miedo.
Pero ¿sabes?, aquello que da miedo suele merecer la pena.