15.6.13

Verdades como coños

Éramos dos pequeñas alimañas que sólo buscaban no sentirse solas, ansiando el calor ajeno que nos arropara cada noche antes de cerrar los ojos. Sólo queríamos dejar de estar solas en este mundo donde ya parece que no hay cabida para el amor.
Los primeros meses fueron bonitos, nos teníamos la una a la otra, y yo frente al mundo, desafiando cada piedra del camino, seguras de nuestros pasos. Comenzaron las charlas silenciosas, pero interminables, pegadas al teléfono y las cartas. Todo era como un sueño, pero acabó siendo una pesadilla.
Tú hablabas con el corazón, yo dejé que mi soledad hablara por mí. Pero el corazón no puede estar callado durante demasiado tiempo y acabó explotando por su hipocresía.
Tú estabas más cerca de mi corazón que yo misma y la explosión te dejó malherida. Yo, tratando de no sentir, me alejé a tiempo, pero no me escapé de recibir unos pequeños rasguños que acabaron por infectarse. Caí enferma y comencé a delirar.
A día de hoy, no se sabe mucho de las dos pequeñas alimañas que ansiaban calor. La malherida sigue convaleciente. Y yo, yo sigo respetando las distancias con mi corazón, pero ya no lo amordazo.