Sentada de cara al mundo, le miro, me repugna. Controla mi vida cual marioneta y a mí parece no importarme.
No es tan fácil sentirse querida.
Nada veo completo, a todo le falta algo, y ya no sé si es mi percepción o es realmente así.
No es tan difícil sentirse insignificante.
No es tan fácil sentirse querida.
Nada veo completo, a todo le falta algo, y ya no sé si es mi percepción o es realmente así.
No es tan difícil sentirse insignificante.
Estos mensajes están encriptados, mi cerebro los produce ya complejos para
que nadie pueda leerlos. Son telegramas de guerra. Todavía no han aparecido espías que los interpreten para el enemigo, tampoco aliado que los reciba.
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