19.3.12

Las arañas son carroñeras

Amor, huella ligera de la vida. Recuerdo imborrable de inexperiencia, de adolescencia. Levedad recíproca. Ilusionistas sin ilusiones, ilusiones que el tiempo apagó. Es una estratagema que guía nuestra sexualidad, ávida de nuevas experiencias, de aventuras, de retos.
Sobrevaloramos aquello que no conocemos, sobrevaloramos el paraíso. Pero incluso la monotonía del edén es nuestro infierno cubierto de llamas. Llamas que al lamer cada centímetro de tu cuerpo, te producen pequeñas explosiones adictivas que temes apagar y no volver a encontrar. Pero avivas el fuego, a sabiendas de que tu corazón se desboca, te falta el aire, y entonces, entonces mueres unos segundos. Vuelves a abrir los ojos, has perdido la noción del tiempo.
Lo más cerca que estarás del limbo, el cielo o como quieras llamarlo.
San Pedro no te abrirá las puertas, pero lo sabes y piensas que no hay nada mejor que lo terrenal. Te seduce lo animal.

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