27.3.12

Mentiras a medias

A veces muero. A veces sueño que viva estoy. A veces a ciegas me observas, aún sin querer.

A veces siento. A veces morir quiero. A veces, y sólo a veces, en ceniza me convierto.

A veces miento. A veces hablar no quiero. A veces tu alma me susurra obscenidades al oído.

A veces duermo. A veces soñar quiero. A veces, y sólo a veces, en tu cama despierto.

19.3.12

Las arañas son carroñeras

Amor, huella ligera de la vida. Recuerdo imborrable de inexperiencia, de adolescencia. Levedad recíproca. Ilusionistas sin ilusiones, ilusiones que el tiempo apagó. Es una estratagema que guía nuestra sexualidad, ávida de nuevas experiencias, de aventuras, de retos.
Sobrevaloramos aquello que no conocemos, sobrevaloramos el paraíso. Pero incluso la monotonía del edén es nuestro infierno cubierto de llamas. Llamas que al lamer cada centímetro de tu cuerpo, te producen pequeñas explosiones adictivas que temes apagar y no volver a encontrar. Pero avivas el fuego, a sabiendas de que tu corazón se desboca, te falta el aire, y entonces, entonces mueres unos segundos. Vuelves a abrir los ojos, has perdido la noción del tiempo.
Lo más cerca que estarás del limbo, el cielo o como quieras llamarlo.
San Pedro no te abrirá las puertas, pero lo sabes y piensas que no hay nada mejor que lo terrenal. Te seduce lo animal.

16.3.12

Piel de cordero, corazón de bestia

Saber que no vas a estar, que te irás. No llegaré a ningún sitio sin ti. Soy dependiente hasta el extremo. Soy humana. Animal.

Cierra la puerta, tengo frío. Quiero tu calor.

15.3.12

Dado ingrávido

Esencia juguetona que entre mis dedos baila. Gira, gira indeciso haciendo tambalear mi alma. Mi vida estúpida en tus manos. Corta los hilos de esta marioneta que no volverá a alzarse. No volverás a verla.

13.3.12

Miedos incautos

No te quiero,
te necesito
Eres mi anhelo
Date la vuelta
No quiero ver
esa cara de autosuficiencia que me descose las entrañas. Repudiada soy, repudiada seré.

Beberé del rojo de tus mejillas,
del último suspiro que des
Pero ahí estaré,
esperando el momento idóneo
para desaparecer.

2.3.12

Para mí las armas y la sangre

No te acostumbres a mi mirada.
Sabes que lo haces fatal.
Moriré a manos de tu espada,
clavada en mi alma animal.

Tu eléctrica caricia,
en un principio indefinida,
recorrió mi espalda
en busca de vida.

No quiero pétalos marchitos,
sino el sabor de tu entrepierna.
Ilícitos desconocidos
vagando por la noche eterna.