Tenía muchos pájaros en la cabeza, pero apareciste con la escopeta y te convertiste en mi cazador. Con cada disparo hacías notar tu destreza y experiencia en la caza, matando uno a uno velozmente y a bocajarro, sin pausas, apenas dando tiempo a pensar.
Después examinando cada una de las aves descubrimos que todos y cada uno de los tiros habían sido perfectamente calculados, de manera que cada bala había atravesado totalmente el cráneo de todos los polluelos y pájaros.
Todas las aves estaban muertas y yo era terriblemente feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario