22.6.11

Ser demonio e ir al infierno

Treinta y cinco grados a la sombra, en frente del portal y yo sin llaves, harta de tanta mierda, de tantas broncas, de tantos líos...
¿Mi error? Elegir mal, no tener cabeza, pensar que las cosas son fáciles y no querer aprender de los fallos. Parece que voy de cabezazo en cabezazo, olvidando en cada golpe lo que debería recordar del anterior.

Me sienta tan bien discutir, siempre pasa lo mismo: empiezo calentándome, hasta que exploto, saltan chispas e incinero lo que me rodea, después me desahogo marcando tu número. Gracias por escucharme, en serio, mil gracias, eres mi hermana y no hace falta que diga nada para que lo sepas.
Pero volviendo al tema, no digo que me gusten las peleas, ni mucho menos, pero es agradable la sensación que me deja después, cuando ya me tranquilizo y puedo pensar con lucidez lo que he hecho mal y bien.

Bueno, aquí sigo, sudando como una cerda, esperando a que alguien abra la jodida puerta. Puedo asegurar que estaré aquí otras dos horas más. Mientras tanto escribo, pensando en todo y a la vez en nada. 
Son las 14:00, la gente vuelve a casa para comer con su gente y yo aquí, viendo la orilla tan apetecible, maldiciendo los putos vaqueros largos que me puse esta mañana y queriendo que los minutos pasen más rápido de lo normal.

Se acabó, hoy ya no escribo más, es suficiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario