Al cabo de veinte minutos ya se habían terminado los cafés, los tiraron a la papelera y él se acercó al coche a por una garrafa de alcohol puro. Buscó un bidón metálico, se quitó la chaqueta de cuero, la metió en el oxidado cilindro y después de rociarla con el alcohol la predió tirando el mechero dentro. Un asunto más, resuelto.
Mientras ambos observaban las incipientes llamas, ella le cogió de la mano y preguntó por el origen de la chaqueta, él calló y entrelazó sus dedos con los de la joven.
Mientras ambos observaban las incipientes llamas, ella le cogió de la mano y preguntó por el origen de la chaqueta, él calló y entrelazó sus dedos con los de la joven.
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