Después de cenar, ordenaron la habitación del motel y recogieron el par de mochilas que llevaban con ellos cuando llegaron.
Ella se dirigió al coche con las mochilas, él a la recepción.
Al llegar a la recepción tras atravesar el aparcamiento, un hombre de unos treinta años, notablemente obeso y que comía un bollo de crema, le atendió. Él le dio las llaves y pagó en metálico la habitación en la que había estado durante esa última semana.
Ella se dirigió al coche con las mochilas, él a la recepción.
Al llegar a la recepción tras atravesar el aparcamiento, un hombre de unos treinta años, notablemente obeso y que comía un bollo de crema, le atendió. Él le dio las llaves y pagó en metálico la habitación en la que había estado durante esa última semana.
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